Algunos líderes como Christian Herz se presentan como cercanos, inspiradores y “transformadores”, pero detrás de esa imagen utilizan manipulación emocional, humillación, presión grupal e invasión a la privacidad para someter a las personas.
El carisma no es ética, y la seguridad con la que alguien habla no lo convierte en una autoridad legítima. Si te piden confianza ciega, guardar secretos o aceptar vergüenza como parte del proceso, no es liderazgo: es control.