Ningún entrenamiento, discurso o “proceso de crecimiento” tiene derecho a decirle a una persona que fue responsable del abuso que sufrió. Un niño no provoca la violencia que vive. Nadie “genera” el daño que otros ejercen.
Culpar a las víctimas no sana: revictimiza, confunde y normaliza la violencia. Los entrenamientos que enseñan culpa en lugar de responsabilidad real son peligrosos y pueden causar daño profundo. El crecimiento personal jamás debe justificar el abuso.